Colombia pasó por la ruleta de los penaltis, el peor drama del fútbol, para que su triunfo tuviera más –¿más?– épica. Es en ese escenario donde la heroínas ascienden: como la arquera que alarga sus manos valientes para alcanzar la gloria, como la jugadora que falla su cobro para invocar la hazaña, como las demás que ejecutaron con precisión para no dejar escapar el paso a la final del Mundial sub-17.

Esas palabras se mezclan como si de dos goleadoras se tratara. Este equipo tiene eso. Llegó al Mundial con una mentalidad de triunfo que es de admirar. No miran al rival hacia arriba, no son dóciles, no se sienten menos. No. Este equipo mira a cada adversario a los ojos y les dice, ‘somos Colombia y vamos por todo’. Pero son humildes, entiéndase el término como un equipo que no se agranda, que no gana antes de ganar, que mantiene la cabeza bien ajustada sobre el cuello.

En cada partido estas jugadoras le han hecho un culto al sudor. No escatiman una gota, lo riegan por toda la cancha. Hay que verlas en cada pelota, en cada adversidad, ¡cómo corren! Han disputado 5 partidos y los cuerpos están agotados, pero ellas lo disimulan corriendo más: están bien preparadas físicamente. Enfrentaron a dos rivales africanos y fueron de frente, cuerpo con cuerpo, espalda con espalda, rodilla con rodilla. No son jugadoras que se lleve el viento. Son fuertes. Son guerreras. Son amazonas.

En las victorias los errores se esconden debajo del tapete. Lo que sobresale es lo impecable, y lo impecable en este equipo es que casi siempre dispone de orden, tareas asignadas; tareas cumplidas. Es un equipo con vida, que muta de acuerdo a las circunstancias; si Linda Caicedo está rodeada de leones, sus compañeras se esfuerzan el doble. Porque saben el arte de jugar en colectivo. Esta Colombia por momentos toca bonito, genera espacios al vacío, tiene velocidad, y si la cosa se complica, convierten el orden táctico en un orden de escuadrón.

Detrás de cada movimiento está el técnico, que ha demostrado conocimiento, estudio exhaustivo de las rivales, una capacidad para hacer el cambio oportuno en el momento oportuno. Carlos Paniagua diseña el plan que su equipo cumple a cabalidad. Maniobra y su equipo se adapta. Paniagua, papá del pizarrón, creó una familia que juega fútbol y gana.

Artículo El Tiempo

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